Una pequeña acción puede cambiar mucho

Todo cambio comienza cuando alguien decide sumar

A veces pensamos que para generar un cambio necesitamos hacer algo extraordinario.

Pero muchas veces, las grandes transformaciones comienzan con acciones sencillas.

Compartir una causa. Donar. Participar como voluntario. Crear una alianza. Organizar una actividad. Invitar a alguien más a conocer una organización.

Cada acción cuenta.

Y cuando muchas personas deciden sumar sus esfuerzos, las posibilidades crecen.

El impacto de ayudar

Detrás de cada actividad y cada espacio creado existe una historia.

Existe una persona que decidió apoyar.

Alguien que donó su tiempo.

Una empresa que decidió convertirse en aliada.

Una comunidad que compartió una causa.

Una persona que entendió que, aunque su acción pudiera parecer pequeña, podía convertirse en parte de algo mucho más grande.

El impacto no siempre se mide únicamente en números. También se encuentra en las experiencias que se hacen posibles, en las sonrisas que se generan y en los momentos que quedan guardados para siempre.

Existen muchas formas de hacer la diferencia

No hay una sola manera de ayudar.

Algunas personas pueden realizar una donación. Otras pueden compartir su tiempo y talento. Las empresas pueden generar alianzas y desarrollar iniciativas con impacto social.

También existe una acción muy poderosa: compartir.

Hablar sobre una causa permite que más personas la conozcan. Una publicación puede llegar a alguien dispuesto a colaborar. Una conversación puede convertirse en una nueva alianza.

Nunca sabemos hasta dónde puede llegar una pequeña acción.

Cuando nos unimos, podemos llegar más lejos

El verdadero poder del cambio está en la colaboración.

Cuando personas, familias, empresas y comunidades trabajan por un mismo propósito, es posible crear proyectos y experiencias que de manera individual serían mucho más difíciles de alcanzar.

Sumar esfuerzos significa multiplicar posibilidades.

Significa entender que todos tenemos algo que aportar.

Tiempo.

Ideas.

Recursos.

Talento.

Experiencia.

O simplemente el deseo de ayudar.

Tu apoyo puede convertirse en un momento especial

Detrás de una actividad recreativa puede existir una donación.

Detrás de un taller puede existir una alianza.

Detrás de una tarde llena de risas puede haber un equipo de personas que decidió involucrarse y hacerla posible.

Eso es lo que ocurre cuando una acción se transforma en apoyo y el apoyo se convierte en una experiencia significativa.

Cada aportación ayuda a construir nuevas oportunidades para acompañar, compartir y crear momentos llenos de esperanza.

Haz que tu acción cuente

En Fundación Mark creemos que todas las personas pueden ser parte del cambio.

No importa si comienzas con una acción pequeña. Lo importante es decidir sumar.

Porque una acción puede inspirar a otra.

Una persona puede motivar a muchas más.

Y un momento de apoyo puede convertirse en una experiencia que deje una huella.

Las grandes transformaciones comienzan cuando decidimos hacer algo.

Tú puedes ser parte de la historia

Te invitamos a conocer las diferentes formas en las que puedes colaborar y sumarte a nuestra misión.

Ya sea a través de una donación, voluntariado, alianza o difundiendo nuestro trabajo, tu participación puede ayudar a seguir creando espacios de acompañamiento, alegría y esperanza.

Hoy puedes hacer una pequeña acción que mañana se convierta en un gran cambio.

La historia completa de Mark

Relato de Sonia Zuani, fundadora y presidenta de Fundación Mark I.A.P.

Mark, el segundo de mis tres hijos, fue diagnosticado con leucemia en 2004, cuando tenía seis años. Durante los dos años que estuvo en tratamiento tuvo que dejar de asistir a la escuela por temporadas prolongadas y acudir frecuentemente al hospital, ya fuera para recibir tratamiento o por alguna de sus secuelas. Estar lejos de su casa y de sus hermanos era una de las cosas que más le dolían.

Mark era un niño muy inteligente, alegre y activo. Como cualquier niño, encontraba cualquier oportunidad para jugar. Sin embargo, el primer hospital donde fue atendido no contaba con espacios en los que las niñas y los niños pudieran jugar o convivir. Su entorno se limitaba a las camas y los pasillos, sin televisión ni juguetes que hicieran más llevadera su estancia.

Después de un año, tras una recaída, tuvimos la oportunidad de atenderlo en otro hospital, donde Mark podía llevar su maleta llena de rompecabezas, pinturas, juegos de mesa, películas y videojuegos. Él hacía partícipes del juego a enfermeras y doctoras, contaba chistes y adivinanzas y, con su alegría, se ganó el cariño de quienes lo rodeaban.

Más adelante viajamos a Estados Unidos en busca de un medicamento experimental que pudiera llevarlo a remisión. Ahí descubrimos un modelo de atención distinto: hospitales en los que la salud emocional, el juego y la recreación recibían tanta importancia como la atención médica. Durante los meses que estuvimos ahí, Mark convivió con el arte, los espacios de juego y el acompañamiento de voluntarios, algo que hasta entonces no habíamos visto en México.

Un día, mientras regresábamos del hospital, Mark me dijo:

  • ¿Sabes qué, mamá? Cuando sea grande voy a tener una fundación y voy a ayudar a niños como yo.
  • ¡Wow, Mark! Yo te voy a ayudar. ¿Y cómo quieres que se llame tu fundación?
  • Mark, como yo.

Días después, Mark compartió ese mismo sueño con una persona que nos estaba ayudando a conseguir apoyos para su trasplante de médula en Estados Unidos. Le dijo que, cuando fuera grande, quería tener una fundación para ayudar a niños como él.

Un día antes de que Mark partiera, esta persona fue a visitarlo al hospital y le prometió que lo ayudaría a hacer realidad su fundación. Entonces le hizo tres preguntas:

  • ¿Cómo quieres que se llame?
  • Mark, como yo.
  • ¿A quién quieres ayudar?
  • A niños como yo.
  • ¿Y cómo los quieres ayudar?
  • Con diversión.

Con apenas ocho años, Mark nos dio el nombre, la causa y la esencia de esta Fundación.
El 22 de febrero de 2006, el mismo día en que Mark partió, quedó constituida Fundación Mark I.A.P. Desde entonces, cada aniversario de la Fundación también honra su vida, su alegría y el sueño que nos confió.

Hoy, su promesa continúa viva en cada ludoteca, en cada juego, en cada obra de arte y en cada niña, niño y adolescente que encuentra un espacio para sonreír, expresarse y sentirse acompañado durante su tratamiento.