El poder del juego, el arte y la alegría

Porque jugar también puede transformar un día

Cuando pensamos en el bienestar de una niña, niño o adolescente, existen elementos que no deberían perderse nunca: la capacidad de jugar, imaginar, crear y compartir.

El juego es una parte esencial de la infancia y la adolescencia. Es una forma de aprender, descubrir, expresar emociones y conectar con los demás. Incluso en momentos complejos, jugar puede abrir un espacio para la alegría y permitir que, por un instante, las preocupaciones queden en segundo plano.

Por eso, crear oportunidades para jugar y divertirse puede tener un significado mucho más profundo de lo que imaginamos.

El arte como una forma de expresión

No siempre es fácil explicar con palabras cómo nos sentimos.

A veces, una emoción encuentra su camino a través de un dibujo. Otras veces aparece en una canción, una manualidad, una historia o una creación llena de colores.

El arte permite explorar la imaginación y expresar aquello que, en ocasiones, resulta difícil comunicar.

Una hoja en blanco puede convertirse en un mundo lleno de posibilidades.

No importa si el resultado es perfecto. Lo importante es el proceso: elegir los colores, imaginar una historia, crear algo propio y disfrutar el momento.

Jugar es conectar

El juego también tiene la capacidad de acercar a las personas.

Una actividad compartida puede ayudar a romper el hielo, generar confianza y crear nuevas amistades. Cuando niñas, niños y adolescentes conviven, ríen y participan juntos, se construyen momentos de conexión que pueden permanecer mucho tiempo en su memoria.

Jugar juntos significa compartir.

Significa descubrir que no están solos.

Significa que siempre puede existir un espacio para ser quienes son.

La alegría también tiene un lugar en los días difíciles

Hablar de alegría no significa ignorar las dificultades.

Significa reconocer que, incluso en medio de un proceso complejo, es importante seguir encontrando momentos que generen bienestar, ilusión y esperanza.

Una sonrisa no cambia por sí sola todas las circunstancias, pero sí puede transformar un momento.

Una actividad divertida puede convertirse en una pausa.

Una experiencia diferente puede despertar la curiosidad.

Una convivencia puede crear un recuerdo especial.

Y cuando estos pequeños momentos se suman, pueden construir algo muy valioso.

Crear espacios donde todo es posible

En Fundación Mark creemos en la importancia de crear espacios donde la imaginación tenga libertad.

Espacios para pintar, jugar, aprender, compartir y descubrir.

Espacios donde una niña, niño o adolescente pueda sentirse libre de expresarse y simplemente disfrutar de ser quien es.

Porque el bienestar emocional también se construye a través de experiencias positivas, vínculos y momentos que nos recuerdan todo aquello que nos inspira.

Una sonrisa puede ser el comienzo de algo grande

Cada juego, cada actividad y cada experiencia representa una oportunidad para conectar con la alegría.

Y detrás de cada momento especial existe una red de personas que hace posible que estas experiencias sucedan.

Porque jugar, crear y sonreír también puede transformar un día.

Sigamos creando momentos que importan

Tú también puedes ayudar a que más niñas, niños y adolescentes tengan acceso a espacios llenos de actividades, creatividad y alegría.

Súmate a nuestra misión y ayúdanos a seguir creando momentos que inspiran, acompañan y dejan una huella positiva.

La historia completa de Mark

Relato de Sonia Zuani, fundadora y presidenta de Fundación Mark I.A.P.

Mark, el segundo de mis tres hijos, fue diagnosticado con leucemia en 2004, cuando tenía seis años. Durante los dos años que estuvo en tratamiento tuvo que dejar de asistir a la escuela por temporadas prolongadas y acudir frecuentemente al hospital, ya fuera para recibir tratamiento o por alguna de sus secuelas. Estar lejos de su casa y de sus hermanos era una de las cosas que más le dolían.

Mark era un niño muy inteligente, alegre y activo. Como cualquier niño, encontraba cualquier oportunidad para jugar. Sin embargo, el primer hospital donde fue atendido no contaba con espacios en los que las niñas y los niños pudieran jugar o convivir. Su entorno se limitaba a las camas y los pasillos, sin televisión ni juguetes que hicieran más llevadera su estancia.

Después de un año, tras una recaída, tuvimos la oportunidad de atenderlo en otro hospital, donde Mark podía llevar su maleta llena de rompecabezas, pinturas, juegos de mesa, películas y videojuegos. Él hacía partícipes del juego a enfermeras y doctoras, contaba chistes y adivinanzas y, con su alegría, se ganó el cariño de quienes lo rodeaban.

Más adelante viajamos a Estados Unidos en busca de un medicamento experimental que pudiera llevarlo a remisión. Ahí descubrimos un modelo de atención distinto: hospitales en los que la salud emocional, el juego y la recreación recibían tanta importancia como la atención médica. Durante los meses que estuvimos ahí, Mark convivió con el arte, los espacios de juego y el acompañamiento de voluntarios, algo que hasta entonces no habíamos visto en México.

Un día, mientras regresábamos del hospital, Mark me dijo:

  • ¿Sabes qué, mamá? Cuando sea grande voy a tener una fundación y voy a ayudar a niños como yo.
  • ¡Wow, Mark! Yo te voy a ayudar. ¿Y cómo quieres que se llame tu fundación?
  • Mark, como yo.

Días después, Mark compartió ese mismo sueño con una persona que nos estaba ayudando a conseguir apoyos para su trasplante de médula en Estados Unidos. Le dijo que, cuando fuera grande, quería tener una fundación para ayudar a niños como él.

Un día antes de que Mark partiera, esta persona fue a visitarlo al hospital y le prometió que lo ayudaría a hacer realidad su fundación. Entonces le hizo tres preguntas:

  • ¿Cómo quieres que se llame?
  • Mark, como yo.
  • ¿A quién quieres ayudar?
  • A niños como yo.
  • ¿Y cómo los quieres ayudar?
  • Con diversión.

Con apenas ocho años, Mark nos dio el nombre, la causa y la esencia de esta Fundación.
El 22 de febrero de 2006, el mismo día en que Mark partió, quedó constituida Fundación Mark I.A.P. Desde entonces, cada aniversario de la Fundación también honra su vida, su alegría y el sueño que nos confió.

Hoy, su promesa continúa viva en cada ludoteca, en cada juego, en cada obra de arte y en cada niña, niño y adolescente que encuentra un espacio para sonreír, expresarse y sentirse acompañado durante su tratamiento.