Fundación Mark
Nuestro Manifiesto
Lo que creemos deja huella.
Creemos que un diagnóstico de cáncer cambia la vida, pero no debe borrar la infancia.
Defendemos el derecho de cada niña, niño y adolescente a seguir jugando, creando, aprendiendo y construyendo vínculos durante su tratamiento.
Entendemos que el bienestar emocional no es un lujo ni un detalle secundario. Es una parte esencial del acompañamiento.
Reconocemos que existen el miedo, la tristeza, el enojo y la incertidumbre. No buscamos esconderlos ni pedir sonrisas todo el tiempo. Elegimos crear espacios seguros para expresarlos, compartirlos y atravesarlos en compañía.
Confiamos en el juego como un lenguaje capaz de decir lo que a veces no puede explicarse con palabras.
Creemos en el arte para descubrir nuevas formas de mirar el mundo; en el aprendizaje para fortalecer habilidades; y en las relaciones positivas para recordarles que no están solos.
Miramos a cada niña, niño y adolescente más allá de su diagnóstico. Vemos su personalidad, sus ideas, sus talentos, sus emociones y todo lo que todavía sueñan por vivir.
Transformamos espacios dentro y fuera del hospital en oportunidades para encontrarse, convivir y seguir siendo quienes son. Trabajamos con alegría, empatía, dignidad, inclusión, servicio y compromiso. Honramos la confianza de las familias, los hospitales, los voluntarios y los aliados que hacen posible nuestra labor.
Creemos que una actividad, una conversación, una amistad o un momento de juego pueden parecer pequeños y, aun así, dejar una huella que permanezca.
Mantenemos vivo el sueño de Mark cada vez que hacemos espacio para la infancia en medio del tratamiento.
Y todos los días renovamos el mismo compromiso:
Que el cáncer no sea lo único que ocupe su día.
