Acompañar también es una forma de sanar

Estar presentes puede hacer una gran diferencia

Cuando una niña, niño o adolescente recibe un diagnóstico de cáncer, su vida y la de su familia cambia de manera importante. Las consultas médicas, los tratamientos y las nuevas rutinas se convierten en parte del día a día. En medio de este proceso, también existe algo que puede marcar una gran diferencia: sentirse acompañado.

El acompañamiento va mucho más allá de estar físicamente presente. Significa escuchar, compartir, comprender, jugar, crear momentos de alegría y recordarles que siguen siendo niñas, niños y adolescentes con sueños, emociones, intereses y una enorme capacidad para disfrutar la vida.

Un espacio para ser, jugar y sonreír

Durante un tratamiento, los momentos de incertidumbre pueden ser difíciles. Por eso, contar con espacios donde puedan distraerse, convivir y expresarse libremente resulta fundamental para su bienestar emocional.

El juego, el arte y las actividades recreativas pueden convertirse en una oportunidad para dejar de pensar, por un momento, en las preocupaciones y conectar con aquello que les gusta.

Un dibujo puede expresar una emoción. Una actividad puede convertirse en una nueva amistad. Una sonrisa compartida puede cambiar por completo el rumbo de un día.

Cada uno de estos momentos tiene valor.

Escuchar también es acompañar

No siempre es necesario tener todas las respuestas. En muchas ocasiones, acompañar simplemente significa estar disponibles para escuchar.

Cada niña, niño y adolescente vive su proceso de una manera diferente. Algunos quieren hablar sobre lo que sienten; otros prefieren expresarse a través del juego, la música, el dibujo o simplemente compartir tiempo con otras personas.

Crear un ambiente seguro, donde puedan sentirse escuchados y comprendidos, les permite expresar sus emociones con mayor libertad y sentirse acompañados durante cada etapa del camino.

Pequeños momentos que dejan una gran huella

Una tarde de juegos, una actividad creativa, una conversación o la oportunidad de convivir con otras personas pueden parecer acciones sencillas. Sin embargo, estos momentos pueden convertirse en recuerdos significativos.

Porque acompañar también significa crear espacios llenos de vida.

Significa recordar que, incluso en los días difíciles, todavía hay lugar para reír, aprender, imaginar y disfrutar.

Juntos podemos seguir acompañando

En Fundación Mark creemos en el poder de estar presentes y de construir momentos que fortalezcan el bienestar emocional de niñas, niños y adolescentes.

Cada actividad, cada sonrisa y cada persona que decide sumarse representa una oportunidad para seguir creando espacios de esperanza.

Porque a veces, acompañar también es una forma de sanar.

Tú también puedes ser parte

Con tu apoyo podemos continuar creando experiencias, actividades y espacios que lleven alegría, acompañamiento y esperanza a quienes más lo necesitan.

Conoce nuestro trabajo, participa, comparte y ayúdanos a seguir transformando momentos difíciles en nuevas razones para sonreír.

La historia completa de Mark

Relato de Sonia Zuani, fundadora y presidenta de Fundación Mark I.A.P.

Mark, el segundo de mis tres hijos, fue diagnosticado con leucemia en 2004, cuando tenía seis años. Durante los dos años que estuvo en tratamiento tuvo que dejar de asistir a la escuela por temporadas prolongadas y acudir frecuentemente al hospital, ya fuera para recibir tratamiento o por alguna de sus secuelas. Estar lejos de su casa y de sus hermanos era una de las cosas que más le dolían.

Mark era un niño muy inteligente, alegre y activo. Como cualquier niño, encontraba cualquier oportunidad para jugar. Sin embargo, el primer hospital donde fue atendido no contaba con espacios en los que las niñas y los niños pudieran jugar o convivir. Su entorno se limitaba a las camas y los pasillos, sin televisión ni juguetes que hicieran más llevadera su estancia.

Después de un año, tras una recaída, tuvimos la oportunidad de atenderlo en otro hospital, donde Mark podía llevar su maleta llena de rompecabezas, pinturas, juegos de mesa, películas y videojuegos. Él hacía partícipes del juego a enfermeras y doctoras, contaba chistes y adivinanzas y, con su alegría, se ganó el cariño de quienes lo rodeaban.

Más adelante viajamos a Estados Unidos en busca de un medicamento experimental que pudiera llevarlo a remisión. Ahí descubrimos un modelo de atención distinto: hospitales en los que la salud emocional, el juego y la recreación recibían tanta importancia como la atención médica. Durante los meses que estuvimos ahí, Mark convivió con el arte, los espacios de juego y el acompañamiento de voluntarios, algo que hasta entonces no habíamos visto en México.

Un día, mientras regresábamos del hospital, Mark me dijo:

  • ¿Sabes qué, mamá? Cuando sea grande voy a tener una fundación y voy a ayudar a niños como yo.
  • ¡Wow, Mark! Yo te voy a ayudar. ¿Y cómo quieres que se llame tu fundación?
  • Mark, como yo.

Días después, Mark compartió ese mismo sueño con una persona que nos estaba ayudando a conseguir apoyos para su trasplante de médula en Estados Unidos. Le dijo que, cuando fuera grande, quería tener una fundación para ayudar a niños como él.

Un día antes de que Mark partiera, esta persona fue a visitarlo al hospital y le prometió que lo ayudaría a hacer realidad su fundación. Entonces le hizo tres preguntas:

  • ¿Cómo quieres que se llame?
  • Mark, como yo.
  • ¿A quién quieres ayudar?
  • A niños como yo.
  • ¿Y cómo los quieres ayudar?
  • Con diversión.

Con apenas ocho años, Mark nos dio el nombre, la causa y la esencia de esta Fundación.
El 22 de febrero de 2006, el mismo día en que Mark partió, quedó constituida Fundación Mark I.A.P. Desde entonces, cada aniversario de la Fundación también honra su vida, su alegría y el sueño que nos confió.

Hoy, su promesa continúa viva en cada ludoteca, en cada juego, en cada obra de arte y en cada niña, niño y adolescente que encuentra un espacio para sonreír, expresarse y sentirse acompañado durante su tratamiento.